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Studies in Biblical Sciences since 1987. Diplomat in Biblical Sciences and Religion Philosophy by UNAM (2008). Student in the Bachelor of Religious Sciences by La Salle University, México (2011-2016).

jueves, 28 de abril de 2016

EL DESCUBRIMIENTO DEL CÓDICE SINAÍTICO
(primera parte)


INTRODUCCIÓN

El Códice Sinaítico (representado en las ediciones críticas con la letra latina S o la letra hebrea alef: א) es un manuscrito griego en forma de códice escrito en letras mayúsculas, cuyo texto se encuentra distribuido en cuatro columnas. Aunque hallado en forma fragmentaria, se ha conservado casi todo el Antiguo Testamento y todo el Nuevo Testamento, además de otros documentos extracanónicos, como la Epístola de Bernabé y el Pastor de Hermas. 

El Códice Sinaítico es, hasta ahora, la versión completa más antigua del texto bíblico: está fechado en el siglo IV de nuestra era. Fue descubierto en 1844 por Constantine von Tischendorf en el monasterio de Santa Catalina, al pie del Monte Sinaí, en Egipto. Actualmente se encuentra en el Museo Británico.


A pesar de tratarse de una de los manuscritos más importantes de la Biblia, la historia de su descubrimiento no ha sido traducida al español. A continuación presentamos fragmentos del texto titulado "When Were Our Gospels Written? An Argument by Constantine Tischendorf. With a Narrative of the Discovery of the Sinaitic Manuscript" (¿Cuándo fueron escritos nuestros evangelios? Una explicación por Constantine Tischendorf. Con una narrativa sobre el descubrimiento del Manuscrito Sinaítico). El texto fue publicado originalmente en Nueva York para la American Tract Society, en 1866. La presente introducción, y la traducción del inglés al español de ese texto, fue realizada por el D. C. B. Arturo Campillo Salcedo (campilloarturo@yahoo.com). 

EL DESCUBRIMIENTO DEL CÓDICE SINAÍTICO,
por Constantin von Tischendorf


(...) Debido a que varios ensayos literarios e históricos, escritos por mí cuando era un hombre muy joven, y en particular dos premiados ensayos teológicos que fueron favorablemente recibidos por el público, resolví en 1839 dedicarme al estudio textual del Nuevo Testamento, e intenté, haciendo uso de todas las adquisiciones de los pasados tres siglos, reconstruir, en lo posible, el texto exacto, tal y como surgió de la pluma de los escritores sagrados. Mi primera edición crítica del Nuevo Testamento apareció en el otoño de 1840. Pero después de dar a esta edición una revisión final, me convencí de que para hacer uso incluso de nuestros materiales existentes, era necesario estudiarlos más atentamente de lo que habían sido hasta ahora, y dedicar mi tiempo libre y capacidades a un nuevo examen de los documentos originales. Para la realización de esta prolongada y difícil empresa, era necesario no sólo emprender viajes distantes, dedicar mucho tiempo, y atraer a la tarea tanto capacidad y celo, sino también proveer una gran cantidad de dinero, y éste –el nervio de la guerra– era además necesario. La Facultad Teológica de Leipzig me dio una carta de recomendación para el Gobierno Sajón; pero en principio sin algún resultado. Sin embargo, el doctor Von Falkenstein, siendo Ministro de Obras Públicas, consiguió para mí una donación de 100 thalers (unas 15 libras) para pagar mis gastos de desplazamiento, y una promesa de otros 100 para el año siguiente. ¿Era esta suma lo suficiente como para emprender un extenso viaje? Sin embargo, lleno de fe, en el proverbio de "A Dios rogando y con el mazo dando", y de que aquello que es justo debe prosperar, resolví, en 1840, salir hacia París (en el mismo día de la Celebración de la Reforma), a pesar de que no tenía suficientes medios ni para pagar mis gastos de equipaje; y cuando alcancé París sólo me quedaban 50 thalers. Los otros 50 los había gastado en mi traslado. 

Sin embargo, pronto encontré a hombres en París que estaban interesados en mi empresa. Me las arreglé por algún tiempo para sostenerme con mi pluma, sin embargo, manteniendo constantemente en la mira el objetivo que me había traído a París. Después de haber explorado por dos años las ricas bibliotecas de esta gran ciudad, sin hablar de los varios viajes hechos a Holanda e Inglaterra, partí en 1843 para Suiza, y pasé algún tiempo en Basilea. Entonces pasando por el sur de Francia hice mi camino hacia Italia, en donde revisé las bibliotecas de Florencia, Venecia, Módena, Milán, Verona, y Turín. En abril de 1844, me adelanté hacia el oriente. Los puntos principales de mi recorrido y de mi investigación en el oriente, fueron Egipto y los conventos coptos del desierto de Libia, el Monte Sinaí en Arabia, Jerusalén, Belem, y el Convento de Santa Saba en las orillas del Mar Muerto, Nazareth y su vecindad, Esmirna y la isla de Patmos, Beirut, Constantinopla, Atenas. Finalmente, tras haber visitado en mi camino de regreso las bibliotecas de Viena y  Münich, volví a Leipzig en enero de 1845.

(...) Poco después de que los Apóstoles hubieran compuesto sus escritos, comenzaron a ser copiados; y la multiplicación incesante de copia tras copia se incrementó en el siglo XVI, cuando felizmente la imprenta vino a sustituir el trabajo del copista. Uno puede ver fácilmente cuántos errores deben haberse arrastrado inevitablemente en las escrituras que tan frecuentemente fueron reproducidas; pero aún es muy difícil de entender cómo los escritores podían consentir cambios aquí y allá, no solamente verbales, sino de aquellos pasajes que afectaban el significado, y lo que sería peor, no temer en cortar un pasaje o insertar otro.


(...) Los tesoros literarios que he intentado explorar se han extraído, en la mayoría de los casos, de conventos del oriente, donde por siglos, las plumas de monjes industriosos han copiado las escrituras sagradas, y manuscritos recogidos de toda clase. Por lo tanto se me ocurrió: ¿era o no probable que en algún nicho de algún monasterio griego o copto, sirio o armenio, pudiera haber algún manuscrito precioso que dormitara por siglos en polvo y oscuridad? ¿Y no cada hoja del pergamino así encontrado, cubierto con escrituras de los siglos V, VI y VII, podía ser una clase de tesoro literario, y una adición valiosa a nuestra literatura cristiana?

(...) Existe en una de las bibliotecas de París una de los manuscritos más importantes hasta entonces conocido del texto griego. Este manuscrito de pergamino del siglo V, cuya escritura había sido retocada y renovada en el VII y en el siglo IX, había sido sometido a un proceso de doblado en el siglo XII. Había sido lavado y raspado, para escribir en él los tratados de un viejo padre de la Iglesia llamado Efrén. Cinco siglos más adelante, un teólogo suizo de nombre Wetstein había intentado descifrar algunos trazos del manuscrito original; y aún más adelante otro teólogo, Griesbach de Jena, intentó probar su habilidad en él, aunque el bibliotecario le asegurara que era imposible para el ojo mortal descifrar una escritura que había desaparecido por seis siglos. A pesar de estas tentativas fracasadas, el gobierno francés recurrió a poderosos reactivos químicos, para recuperar los signos ocultos. Pero un teólogo de Leipzig, que estaba entonces en París, quedó tan frustrado por esta nueva tentativa, que afirmó que era imposible producir una edición de este texto, pues el manuscrito era absolutamente ilegible. Fue después de todas estas tentativas que comencé, en 1841-2, a probar mi habilidad en el manuscrito, y tuve la buena fortuna de descifrarlo totalmente, e incluso de distinguir entre las fechas de los diversos escritores que se habían ocupado del manuscrito.

Este éxito, que me procuró varias muestras de reconocimiento y de apoyo, me animó a proceder. La concebí por ser mi deber el completar una empresa que había sido tratada hasta entonces como improbable. El gobierno sajón se presentó para apoyarme. El rey, Frederick Augustus II, y su distinguido hermano John, me enviaron muestras de su aprobación; y varios eminentes mecenas del aprendizaje en Frankfort, Ginebra, Roma, y Breslau ofrecieron generosamente interesarse en mi tentativa.

Aquí guardo silencio sobre los interesantes detalles de mis recorridos –mi audiencia con el Papa Gregorio XVI, en mayo de 1843, mi reunión con el Cardenal Mezzofanti, ese sorprendente y celebrado lingüista– y llego al resultado de mi viaje al oriente. Era abril de 1844, cuando me embarqué en Leghorn hacia Egipto. El deseo que sentía por descubrir algunos preciosos restos de cualquier manuscrito, más especialmente bíblico, de una fecha que nos llevara de nuevo a los tiempos tempranos del cristianismo, fue consumado más allá de mis expectativas.

(continuara...)

lunes, 5 de octubre de 2015

La Crítica Textual, y el episodio del sudor en sangre
5 de octubre de 2015

Bart Ehrman es Profesor distinguido de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. En esa universidad ha servido como Director de Estudios de Posgrado y Presidente del Departamento de Estudios Religiosos. Fue alumno de Bruce Metzger, uno de los más reconocidos estudiosos del texto del Nuevo Testamento, y participante del grupo editorial que conformó el texto griego editado por la Sociedad Biblica de EU y el de la Sociedades Bíblicas Unidas. 

Uno de los libros más famosos de Ehrman, Misquoting Jesus (en español, “Jesús no dijo eso”), expone y trata de explicar las miles de diferencias que existen entre las copias más antiguas del Nuevo Testamento. Escribe continuamente en el blog: http://ehrmanblog.org, del cual presentamos, en traducción propia, la siguiente anécdota de cuando era estudiante (las citas son de la Biblia de Jerusalén, editorial 2009). El texto original en inglés se encuentra en: http://ehrmanblog.org/when-i-first-realized-the-importance-of-textual-criticism-the-bloody-sweat/

El momento en que me di cuenta de la importancia de la Crítica Textual: el episodio del Sudor de Sangre
Por Barth Ehrman (20 de agosto de 2015)

Creo que entendí la importancia precisa de la Crítica Textual en el primer semestre de mi programa de Doctorado, durante un Seminario que no tenía casi nada que ver con el estudio de los manuscritos griegos del Nuevo Testamento. Fue un curso de "exégesis" (es decir, la interpretación) de los Evangelios Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas, estudiados, por supuesto, en griego). Mi comprensión de la Crítica Textual ni siquiera estaba conectada a mi propia investigación. Tenía que ver con lo que un amigo y colega mío habían descubierto.

Para ese Seminario tuvimos que hacer una presentación en clase de nuestro estudio sobre un pasaje de los sinópticos. Mi compañero de primer año, Marcos Plunkett (que más tarde pasó a enseñar en la Universidad del Norte de Ohio, antes de decidirse por desechar lo académico y convertirse en un ginecólogo, ¡de verdad!) dedicó su trabajo a la oración que Jesús recita antes de su detención, tal como se encuentra en el Evangelio de Lucas.

Como muchos lectores de este blog saben, Lucas tuvo como una de sus fuentes para su relato de la vida y muerte de Jesús el Evangelio de Marcos. Es muy interesante y muy esclarecedor (entonces lo supe y desde entonces he insistido en ello), comparar el Evangelio de Lucas con el de Marcos, con el fin de apreciar como éste editó su fuente en una historia que tomó de él. Esto se llama "crítica de la redacción", el estudio de cómo un redactor (= editor) cambió el texto que estaba copiando para producir su propia versión.

En la versión de Marcos de la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní (14.32-42), después de su Última Cena y antes de la traición de Judas, se nos dice que Jesús “comenzó a sentir pavor y angustia”. Por extraño que parezca, a pesar de que obtiene su historia de Marcos, Lucas no incluye ese comentario. En Marcos, Jesús dice a sus tres discípulos (Pedro, Santiago y Juan), que está "triste hasta el punto de morir", otro comentario que Lucas omite. Entonces Jesús “caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora”. En Lucas simplemente se arrodilla. En Marcos, Jesús pide tres veces que Dios "aparta de mí esta copa" (es decir, que no le haga seguir adelante con su Pasión). En Lucas Jesús ora solamente una vez, y inicia la oración con la frase "Padre, si quieres..."

Parecería que Lucas está cambiando la historia de Marcos para restar importancia, o incluso eliminar, la idea de que Jesús estaba molesto, angustiado, afligido, y con ganas de evitar tener que ser crucificado.

Mi colega, Mark Plunkett, señaló todo esto. Y argumentó otra cosa: cuando Lucas reelaboró la historia de Marcos, lo hizo mediante la creación de una estructura literaria que se encuentra ausente en Marcos, pero que a la vez es central para entender el énfasis de Lucas. La estructura es conocida por el nombre técnico de "quiasmo". Un quiasmo (llamada así por la letra griega "chi", que se parece a un X inglesa), es una estructura en la que un pasaje tiene una serie de declaraciones en dos partes, de la siguiente manera: la primera declaración de la primera parte es similar en sustancia a la última declaración de la segunda parte; la segunda declaración de la primera parte es similar en sustancia al penúltimo de la segunda parte, y así sucesivamente. Por lo general, se esquematiza de la siguiente manera (en caso de que el pasaje tenga siete declaraciones):

A (parte 1)
                B (parte 1)
                                C (parte 1)
                                                D (parte 1 y 2)
                                C (parte 2)
                B (parte 2)
A (parte 2)

El punto de la estructura es que el foco de la atención de los lectores caiga de forma natural en el elemento central (en este ejemplo con 7 declaraciones, sería la declaración que se encuentra en D). En el caso de este pasaje de Lucas, funciona así

A Jesús dice a los discípulos que oren para que no caigan en la tentación
                B Abandona a los discípulos
                                                    C Cae de rodillas
                                                                           D Jesús ora: Padre, si es tu voluntad....
                                                    C Se levanta de sus rodillas
                B Regresa a los discípulos
A Jesús nuevamente les dice que oren para que no caigan en la tentación

El enfoque del pasaje queda manifestado por dos elementos de la estructura. En primer lugar, comienza y termina con el mandato (A primera y segunda parte) a los discípulos a orar para evitar la tentación. En segundo lugar, se centra en la oración de Jesús. Es de tener en cuenta cómo funciona esta perspectiva en el contexto de todo el pasaje más largo. Los discípulos no oran; en su lugar, se quedan dormidos. Jesús sí lo hace. Inmediatamente después, las tropas vienen a arrestar a Jesús. Los discípulos, quienes no habían hecho oración, en efecto "caen en tentación". Huyen de la escena. Jesús, quien había hecho oración, no cae en tentación; tranquilamente se somete a la voluntad de su Padre.

El pasaje de Marcos –aquel en el que se basa Lucas–, se preocupa por demostrar la angustia de Jesús antes de su detención. El relato de Lucas, por el contrario, se interesa en demostrar que la oración puede liberar a uno de la tentación. Es la misma historia básica; el énfasis, muy diferente.

Mi amigo Mark Plunkett terminó su presentación a la clase y cuando la discusión derivó a otras cosas, le pase una nota. Su descubrimiento de esta estructura de quiasmo fue importante por otra razón. Podría ser la solución a un problema textual (del que Plunkett no era consciente).

En algunos antiguos manuscritos del Evangelio de Lucas –de hecho, muchos de ellos– el pasaje de la oración de Jesús tiene dos versículos agregados justo en el quiasmo. Estos son los famosos versículos en donde se nos dice que Jesús entró en gran agonía y comenzó a sudar gotas como de sangre, en medio de una angustia tan grande que un ángel tuvo que bajar del cielo para proporcionarle apoyo. Este es el pasaje del que surge el dicho "sudar sangre". Es el único pasaje que narra éste vívido detalle de la vida de Jesús; no se encuentra en ninguno de los otros Evangelios. Y no se encuentra en muchos antiguos manuscritos de Lucas.

El Papiro 75 (P 75) data del siglo III, y es el testimonio más antiguo que se tiene hasta ahora del pasaje de Jesús en el Getsemaní. Después de la frase de Jesús, "Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya", continúa con "Levantándose de la oración, vino donde los discípulos...", sin mencionar el relato del sudor de sangre.

En mi nota, le dije a Plunkett que si estaba en lo cierto sobre la estructura del pasaje, eso demostraría con casi seguridad que el pasaje sobre el sudor de sangre de Jesús, que se encontraba solamente en algunos manuscritos de Lucas, pero no en otros, no era original.

¿Y por qué es importante? Por muchas razones. Pero he aquí una. Si ese pasaje no es original de Lucas, entonces en el Evangelio de Lucas –no sólo en este pasaje, sino en todo el Evangelio– Jesús  nunca siente ningún dolor por ir a su muerte. Él experimenta una pasión “desapasionada”. Este problema afecta a toda la imagen de Jesús en el Evangelio. Son tan sólo dos versículos en disputa. Así que es muy importante.

lunes, 3 de agosto de 2015

INTRODUCCIÓN

UNA NECESIDAD...

¿Dónde están los originales de los escritos bíblicos? ¿Por qué hay tantas Biblias “diferentes” entre sí? ¿Hay alguna edición mejor que otra? 

Los libros de la Biblia fueron escritos a mano, varios siglos antes de que se inventara la imprenta en el mundo occidental (año 1453, por Johann Gutenberg). Durante todo ese tiempo, el único método de reproducir la Biblia fue copiar su texto a mano: palabra por palabra, frase por frase, hoja por hoja…

Ninguna de las copias que actualmente se conservan tiene la suficiente antigüedad como para basarse en los escritos originales; es decir, son copias basadas en otras copias. Y entonces surgen necesariamente las preguntas: en el proceso de recopiar las Escrituras durante siglos, ¿se filtraron algunos errores de los copistas? O incluso, ¿hubo modificaciones conscientes, realizadas por motivos teológicos, económicos o políticos?



Generalmente, la exactitud de las obras impresas se puede comprobar si se dispone de los manuscritos originales del autor; se pueden detectar correcciones o cambios cuando se publica una nueva edición. 

Sin embargo, todos los manuscritos originales de las Escrituras, así como de los escritos clásicos de Platón, Cicerón o Séneca, se han perdido. Por lo tanto, todos los textos antiguos que ahora tenemos, en sus diversas traducciones, están editados en base de copias, las más antiguas de las cuales se escribieron muchos años (o incluso siglos) después de la muerte de sus autores originales. 

Es en estos casos que se necesita un laborioso método de búsqueda, comparación y selección de copias, con la finalidad de que los eruditos (quienes precisamente por su labor, deben de trabajar en comités académicos), puedan presentar una propuesta del “texto original” de cada pasaje.

O al menos esa fue la idea original de la “Crítica Textual”. 

UNA DISCIPLINA...

¿Qué es la Crítica Textual?

La crítica textual es la verificación del sentido y escritura originales de un texto, tal como debió salir de la mente y redacción textual de su autor. - Dr. Luciano Jaramillo Cárdenas (1)

Se denomina ecdótica, crítica textual o crítica menor a una rama de la filología, que tiene por cometido editar textos de la forma más fiel posible al original o a la voluntad del autor... Para ello se vale de ciencias auxiliares como la codicología, la paleografía y la filología. – Wikipedia (2)

También a esta disciplina se le conoce como “Baja Crítica”, para diferenciarla de la “Alta Crítica”. La principal divergencia entre ellas es la siguiente:

El objeto de la crítica textual [o Baja Crítica] es restaurar lo mejor que se pueda el texto original de una obra cuya autógrafo se ha perdido. Esta crítica textual difiere de la Alta Crítica cuya finalidad es investigar las fuentes de una obra literaria, su composición, su fecha y seguir la pista de las influencias y varias transformaciones a lo largo de los tiempos. – Enciclopedia Católica Online (3)

Sin embargo, constantemente se puede comprobar que la dependencia entre ambas es esencial.

¿Por qué es importante la Crítica Textual?

Razones históricas y teológicas.

a) Puesto que no poseemos los originales del texto bíblico, que se perdieron hace muchos siglos, debemos descubrirlo a través de las posteriores transmisiones del mismo en una variedad de manuscritos, leccionarios, citas y traducciones que se han ido formando a través de los siglos. (…)”

b) Puesto que la exégesis bíblica se ocupa de extraer el significado y sentido de los textos, se impone distinguir lo que realmente nos transmitieron los autores originales de la Biblia, de lo que por una u otra razón fue incorporado por los copistas e intérpretes que nos transcribieron posteriormente ese texto.” 

c) Hay además un interés hermenéutico: hay que volver al texto primitivo, porque sólo este puede informarnos sobre la teología de los escritores bíblicos.
- Dr. Luciano Jaramillo Cárdenas (1)

Mediante un proceso diligente de comparación y análisis, la crítica textual se esfuerza por detectar errores de copistas, o cambios deliberados a determinado escrito, para lograr acercarnos al conocimiento del texto original...



UN ANHELO...

Actualmente se considera que esta aspiración, mientras no se tenga alguna certeza de cómo fue ese texto original, es algo imposible de comprobar; por lo que ahora se considera que el finalidad de la crítica textual es un “texto ecléctico” o “texto ideal”, que se pueda, en base de argumentos, presentar como “probable” o “cercano” al texto conocido, no tanto por el autor, sino por sus primeros lectores.

Aunque sólo unas pocas de las miles de variantes en el Nuevo Testamento son teológicamente significativas, ya que el teólogo cristiano y el estudiante de la Biblia deben basar su fe en las declaraciones auténticas de los escritores de la Biblia, es sumamente importante la tarea de procurar un texto digno de confianza.

Por lo tanto, al erudito bíblico le corresponde la tarea de estudiar cuidadosamente los manuscritos bíblicos, a fin de establecer un texto que esté tan cerca del original como sea humanamente posible. Generalmente una obra tal se conoce con el nombre de “crítica textual” o “baja crítica”.

FUENTES:

1) Jaramillo Cárdenas, Luciano et al. ¡Fidelidad! ¡Integridad! En busca del mejor texto de las Escrituras. Editorial Vida, Miami, E.U. 2001, pág. 11.

2) https://es.wikipedia.org/wiki/Ecdótica [consultado el 20 de julio de 2014]

3) http://ec.aciprensa.com/wiki/Crítica_Textual [consultado el 20 de julio de 2014]

lunes, 29 de junio de 2015


LA IMPORTANCIA DE LOS ROLLOS DEL MAR MUERTO PARA EL ESTUDIO DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Conferencia presentada el 26 de julio de 2014 

Por: Arturo Campillo Salcedo
Ciencias Bíblicas por Maná Museo de las Sagradas Escrituras
Ciencias Religiosas y Humanidades por la Universidad La Salle





¿Qué son los Rollos del Mar Muerto?


Los Rollos del Mar Muerto consisten en una serie de manuscritos, en su mayoría fragmentarios, descubiertos entre 1947 y 1956 en once cuevas a lo largo de la costa noreste del Mar Muerto. Ésta es una región árida, 21 km al este de Jerusalén y 397 metros debajo del nivel del mar. 

Los decenas de miles de fragmentos constituyen los restos de entre aproximadamente 825 y 870 rollos, hechos en su mayoría de pieles de animales, aunque también se cuentan algunos elaborados en papiro, e incluso uno de cobre. Están escritos con una tinta a base de carbón, de derecha a izquierda y sin puntuación, excepto por una sangría ocasional en los párrafos. La mayoría están escritos en hebreo o arameo, pero también los hay escritos en griego.

¿Quién los escribió?

Los Rollos del Mar Muerto parecen ser la biblioteca de una secta judía, aún no plenamente identificada. Cerca de las cuevas, están las ruinas de Qumrán, una aldea excavada a principios de 1950, por lo que probablemente tenga alguna conexión con los rollos. 

Los miembros de la comunidad (quienes en los rollos se hacen llamar los “justos” o los “pobres”) se proponían ser estrictos cumplidores de la religión, con un fuerte pensamiento Mesiánico y apocalíptico. Parece que la biblioteca fue escondida en cuevas alrededor del comienzo de la primera revuelta judía (66-70 A.D.), a medida que el ejército romano avanzaba contra los judíos. 

¿Cuál es su contenido?

Los Rollos del Mar Muerto, por su contenido, pueden ser divididos en dos categorías: los que consisten de textos bíblicos y los no bíblicos. Entre los primeros, han sido descubiertos fragmentos de cada libro del Antiguo Testamento, excepto del libro de Ester. 

Hasta XXXX, entre los libros del Antiguo Testamento con más atestiguados en estos manuscritos, se cuenta: 

19 fragmentos de Isaías, 
25 fragmentos de Deuteronomio y 
30 fragmentos de los Salmos. 

Entre los escritos no bíblicos, se pueden encontrar los siguientes:

• comentarios parafraseados del canon hebreo que cubren la Torah, los Profetas y algunos Salmos; 
• estándares y regulaciones disciplinarias para los miembros de la comunidad;
• reglas de guerra, salmos no canónicos, himnos y sermones. 

¿De qué época son?

En base a varios métodos de fechado, incluyendo el carbono 14 y el paleográfico, los Rollos del Mar Muerto fueron escritos en un período que comprende entre el 200 a.C. y el 68 d.C. Muchos manuscritos bíblicos importante (tales como el Salmo 22, Isaías 53 e Isaías 61) datan de por lo menos el año 100 a.C. 

¿Por qué son importantes?

Los Rollos del Mar Muerto comprenden el más antiguo grupo de manuscritos del Antiguo Testamento alguna vez hallado, datando desde el 100 al 200 a.C., por lo que son 1.000 años más antiguos que cualquier copia previamente conocida de estos textos bíblicos. Aunque concuerdan sustancialmente con el texto Masorético, también se han encontrado los que conciertan con las traducciones más antiguas del Antiguo Testamento, como la Septuaginta (la traducción hecha al griego).

Algunos de los conocimientos que han aportado los Rollos del Mar Muerto impactan incluso en nuestros días, en temas tanto prácticos como polémicos, como lo han sido los criterios de traducción de las Biblias actuales, o la consideración de qué libros se consideran como parte del canon del Antiguo Testamento.
PAPIRO 2
Arturo Campillo S.

La fotografía muestra una parte del Papiro 2 (P2), una de las copias más antiguas del Nuevo Testamento. Esta escrito en griego y copto (antiguo egipcio). Se trata de un fragmento de papiro fechado en el siglo VI.

Este fragmento contenía una columna por página, de aproximadamente 6.6 cm por 5.8 cm, con 13 líneas por página.[1][2] Se aprecia el uso de nómina sacra (una forma abreviada utilizada para los nombres o títulos que aparecen más frecuentemente). 


La parte mostrada en la foto corresponde al pasaje de Lucas, capítulo 7 versículos 22 a 26, y está escrito en copto. Del otro lado, muestra el pasaje correspondiente a Juan capítulo 12, versículos 12 a 15.

El fragmento parece ser de un leccionario (libro litúrgico) [3]. El texto griego de este códice está mezclado[4].  

El papirólogo italiano Ermenegildo Pistelli fechó el manuscrito en el quinto o sexto siglo, mientras que el teólogo alemán  y crítico textual Ernst von Dobschütz lo situó en el siglo sexto o séptimo.

Kurt Aland, teólogo y erudito bíblico alemán que se especializó en la Crítica Textual del Nuevo Testamento, lo colocó en la categoría III de los manuscritos del Nuevo Testamento[5], es decir, lo consideró importante en lo relacionado en la historia de las tradiciones textuales, y en menor grado para establecer el texto original. 

El P2 Se encuentra actualmente en el Museo Egipcio en Florencia, Italia.[6]

Referencias:

[1] K. Aland, M. Welte, B. Köster, K. Junack, Kurzgefasste Liste der griechischen Handschriften des Neues Testaments, (Berlin, New York: Walter de Gruyter, 1994), p. 3.
[2] University of Münster: Institute of New Testament Textual Research. (Consulted June 29, 2015). http://nttranscripts.uni-muenster.de/AnaServer?NTtranscripts
[3] Maldfeld, Georg and Metzger, Bruce M. "Detailed List of the Greek Papyri of the New Testament," Journal of Biblical Literature Vol. 68, No. 4. (Dec., 1949), p. 361.
[4] Maldfeld & Metzger (1949), p. 364
[5] Aland, Kurt ; Aland, Barbara (1995). The Text of the New Testament: An Introduction to the Critical Editions and to the Theory and Practice of Modern Textual Criticism. Erroll F. Rodas (trad.). Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company . p. 96.
[6] University of Münster: Institute of New Testament Textual Research. (Consulted June 29, 2015)
"Η ΚΑΙΝΗ ΔΙΑΘΗΚΕ, Cum Lectionibus Variantibus"
de John Mill (1707)
Arturo Campillo S.

En 1707, el teólogo inglés John Mill escribió "Η ΚΑΙΝΗ ΔΙΑΘΗΚΕ, Cum Lectionibus Variantibus", intentó publicar un texto del Nuevo Testamento basado en los manuscritos griegos más antiguos conocidos en su tiempo, incluyendo aquellos pasajes citados por los Padres de la Iglesia.

Su obra es un clásico de la crítica textual bíblica, no sólo por el cuidado que puso en él, sino porque entre los 100 manuscritos básicos que utilizó, detectó 30.000 diferencias entre ellos.

Mill proporcionó la más extensa colección de lecturas variantes a esa fecha, y dio su opinión sobre algunas de ellas, incluyendo las de los testigos principales, pero "no se aventura a formar un texto propio, sino que reimprimió el texto de Stephanus de 1550 y sin variación intencional" (Metzger y Ehrman, texto del NT, 4ª ed, p. 154).

Gracias a Jeff Cate y Steve Avery por la retroalimentación sobre este tema.

(Fuente de las fotografías: 
http://www.csntm.org/printedbook/viewbook/JohnMillNovumTestamentum1707).


viernes, 25 de abril de 2008

VIDEOS EN YOUTUBE

COLABORACIONES TELEVISIÓN

Arturo Campillo S.


Acabo de montar los clips que hice para la televisión sobre el "Evangelio de Judas" y "El Priorato de Sión y el Código Da Vinci".

Agradeceré cualquier comentario.



lunes, 21 de abril de 2008

PERFIL Y CORREO

Para mayor información de este moderador, incluyendo colaboraciones en wikipedia:


CIENCIAS BÍBLICAS, ¿PARA QUÉ?



CIENCIAS BÍBLICAS, ¿PARA QUÉ?
Arturo Campillo S.

A continuación, el discruso que presenté el 16 de febrero de 2008:
Buenas tardes:

Mientras preparaba esta exposición, me di cuenta de lo equivocado que sería hacer una recitación filosófica sobre la importancia de las ciencias en el mundo actual, si no nos dice algo de nuestra vida real. Nosotros no somos estudiosos de algún país poderoso, viviendo en casas de campo y con grandes bibliotecas. Somos mexicanos de principios del siglo XXI, que vivimos a expensas del transporte público, y con cualquier cantidad de problemas de tipo económico, laboral, familiar y social.


Entonces, las ciencias bíblicas ¿para qué? Ésta es una de las preguntas que en algún momento nos llegan a hacer familiares, amigos, o conocidos de cualquier tipo. La segunda pregunta que más nos hacen, con diferentes tonos es: ¿se puede vivir de esto? Veamos si encontramos una respuesta a ambas preguntas.

Empecemos por hacer una reflexión sobre el asunto de las ciencias. Nunca antes en la historia, hemos tenido tanto acceso al conocimiento, por vías como la televisión, la radio o la internet. Y sin embargo, nunca antes el interés por saber ha sido más impopular, o incluso, desprestigiado. Por lo tanto, radio y tv se han llenado de contenidos vacíos, y la internet se la ido utilizando para satisfacer los mas variados calentamientos.

Cuando evitamos quedarnos sólo con lo que nos dicen, y nos adentramos en cualquier tipo de estudio, nos enteramos como pensaban los hombres de otras épocas, o cómo piensan los de otros lugares, nos damos cuenta de que sin importar estas características, ellos no eran, ni son esencialmente, muy diferentes a nosotros.

André Maurois, escritor y premio Nóbel francés, dijo: “la lectura de un buen libro es un diálogo incesante en el cual el libro habla y el alma contesta.” (fin cita) Lo que nuestra alma confiesa de esa manera, es la inquietud, el temor, o la necesidad de saber quienes somos, por qué nuestro mundo es como es, cual es nuestro motivo en la vida.

La inquietud es la misma. Y ha existido siempre. Es entonces cuando nos damos cuenta de que hay dos tipos de personas; los que intentan ignorar ese sentimiento, absortos por vivir intensamente sólo el presente con distracciones de todo tipo, o los que viven entregados por buscar razones, azorados por los sucesos del pasado, y ansiosos por el futuro.

Este tipo de personas, los que buscan respuestas, tienen una característica en común, no importa, una vez más, el lugar o la época en el que vivieron, ya sea que los encontremos en los libros de historia o en los libros religiosos. Y es una característica importante: la creencia de que este mundo puede ser mejor.

Seamos honestos. El conocimiento por sí sólo no transforma a nadie. Sin embargo, ninguna tarea, cambio o compromiso se puede realizar sin una meta clara; sin el entendimiento de cuál es el origen de los problemas que queremos solucionar. George Orwell, reconocido escritor británico, escribió alguna vez: ‘si la libertad significa algo, será sobre todo el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír.’

Diariamente nosotros, mexicanos del siglo XXI, nos quejamos de lo mal que están las cosas en el país, en nuestro trabajo, en nuestra comunidad o nuestra familia. Pero, ¿cuántos de nosotros investigamos el por qué? O peor aún. ¿cuántos de nosotros estamos capacitados para proponer soluciones serias?

Es así, cuando las ciencias de cualquier tipo empiezan a decirnos algo de nosotros mismos. Ya no son materias encerradas con los especialistas en las bibliotecas. Al darnos una visión de continuidad de nuestro pasado a nuestro futuro, nos ayuda a formarnos un sentido de existencia en un mundo que al ser cada vez más egoísta, es cada vez más caótico.

Hablando en particular de las ciencias bíblicas, éstas no son evidentemente ciencias basadas o extraídas de la Biblia. Son más bien aquellas disciplinas que nos ayuden a estudiar y comprender el texto bíblico.

Éste no es, como podría pensarse, un tema exclusivo para creyentes. Independientemente si es creyente o no, la Biblia es un libro rector, incluso en nuestra sociedad laica. En él se basa gran desde la forma en que dividimos la semana en siete días, el origen y finalidad de la vida, hasta la opinión que tengamos sobre la existencia de una divinidad. La visión que tengamos de este libro, define de maneras de las que pocas veces estamos conscientes, nuestro trato con los demás, y nuestra forma de entender el mundo.

La interpretación que se ha hecho del texto bíblico ha influido en eventos históricos tan importantes como lo son las continuas guerras de religión que han definido no sólo fronteras nacionales, sino también corrientes de pensamiento; la invención de la imprenta, el surgimiento del capitalismo o las guerras de Oriente Medio. 

Asuntos más cercanos a nosotros, como los constantes desencuentros entre los creyentes de las diversas confesiones cristianas (cuyo punto más álgido es el problema de los desplazados en Chiapas), y del cristianismo en general con otras religiones, el surgimiento de sectas con estructura social propia, o incluso fenómenos mediáticos como el Código Da Vinci y el Evangelio de Judas (y los que vengan) pueden causar desde confusión hasta verdadera zozobra, sin un entendimiento claro de lo qué es la Biblia, y las circunstancias que le dieron origen.

Un reconocimiento de esta necesidad por entender todo esto, es el que a los eventos que hemos organizado, no sólo han asistido cristianos de todas las confesiones, sino practicantes de otras religiones, como el Islam y el hinduismo, e incluso ateos. Una vez más, independientemente de las circunstancias, la inquietud por una mejor comprensión del pasado, y una mejor construcción del futuro, es la misma.

Finalmente la pregunta: ¿se puede vivir de esto? la experiencia personal de varios años da una respuesta tajante. No. No se puede vivir de esto.

Pero esta misma experiencia me ha enseñado, que es CON ESTO con lo que podemos vivir de manera más consciente, y por lo tanto de forma más plena. La necesidad de reconocer nuestras necesidades y deseos, como primer paso para la construcción de un sentido de vida, es un proceso demandante por naturaleza, y muchas veces, frustrante por las circunstancias en la que nos tocó realizarlo. Sin embargo, y por decir lo menos, el viaje por este camino ha sido muy interesante. Los invito a que comiencen el suyo.

Por su atención, muchas gracias.

miércoles, 16 de abril de 2008

IMPORTANCIA DE UNA HISTORIA CRÍTICA

EL MOTIVO DE ESTE BLOG
Arturo Campillo S.

Una característica de la historiografía actual, realizada en el ámbito tanto laico como religioso, es la de basarse en paradigmas o tradiciones que distan de ser comprobables, interpretaciones incorrectas de las fuentes, o en informaciones no actualizadas por los recientes estudios arqueológicos o filológicos. Prácticamente se podría hablar de una quasi-parálisis de estos estudios.

Además, los nuevos descubrimientos y teorías revisionistas que estos han originado, no ha encontrado un medio adecuado de difusión; mucho menos en idioma español.

A través de este medio, mediante la exposición de cuestionamientos y argumentaciones (el sistema crítico, pues), se hará patente la necesidad de revisar, ordenar y difundir los nuevos conocimientos históricos, ya que nuestro avance en esta especialización llevará a una nueva comprensión de lo que somos (y seremos).